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#CrónicaViajera: Un paseo por el Barrio de Salamanca

¡Qué ilusión! Hoy nos ha llegado la primera #CrónicaViajera sobre las rutas urbanas que estamos organizando para descubrir la cara más desconocida de Madrid. La primera valiente que se ha atrevido a contarnos su experiencia ha sido María Dolores Rebollo, una de nuestras incondicionales en Cultur Viajes y que relata como nadie cómo es la experiencia de viajar con nosotros.  ¡Disfrutad de su relato! 

 

“Dentro de las actividades organizadas por la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, se incluyen paseos urbanos por Madrid, por distintas razones, que esta vez ha sido la arquitectura urbana en el siglo XX en el barrio de Salamanca.

Bien, pues a pesar de lo que se diga, lo cierto es que se inició en Chamberí, para visitar la que fue casa de Carlos María de Castro, el arquitecto que diseñó el barrio en el siglo XIX, que junto al ya citado Chamberí y el de Argüelles conformaron la ampliación de Madrid, una vez derribada la cerca de Felipe IV que pasaba por lo que hoy día se conoce como los bulevares.

Los edificios vistos presentan características concretas que los hacen merecedores de la visita, así empezando por la casa de Carlos María de Castro que conserva su diseño original, con patio de entrada, dos plantas y jardines. Quedan pocos edificios como ese, pues la mayoría han sido sustituidos por edificios altos, la media es de seis alturas, sin jardines y manzanas cerradas, en cuyo centro hay un patio de luces al que dan las cocinas y zonas de servicio.

El barrio como tal se desarrolló durante el siglo XIX, y en principio eran palacetes, con entradas y jardines, ya en el siglo XX y sobre todo después de la guerra, en los años cuarenta y cincuenta se desarrollaron viviendas de más altura y salvo excepciones desaparecieron los jardines y se cerraron las manzanas.

Fueron variados los edificios vistos, cada uno con su curiosidad, como la embajada de Suecia, cuya ala de servicios administrativos presenta una fachada de ladrillo, pero que tiene ventanas y terrazas en el jardín, para evitar el ruido de la calle.

Algo parecido ocurre con el llamado edificio Girasol, cuya fachada principal son terrazas de orientación oeste y sur, para aprovechar al máximo la luz solar, mientras que la facha norte es un muro de ladrillo que evita que las viviendas sean vistas desde la casa del vecino: máxima discreción.

La sede de la Fundación Francisco Giner de los Ríos, sede de la Institución Libre de Enseñanza, fue ampliada y convertida en centro escolar, ahora se  ha rehabilitado mediante un jardín que integra los distintos edificios que la componen.

El antiguo frontón ha sido rehabilitado por fuera y por dentro, es visitable, aunque de momento carece de función.

Particular mención para la Torre Castelar, en la plaza del mismo nombre, un edificio con doble fachada, interior de hormigón y exterior de cristal, que está suspendido y que desde ciertos ángulos parece flotar y que se sostiene por un muro de hormigón donde se incluyen instalaciones como los ascensores.

Pudimos visitar una iglesia reconvertida en sala de exposiciones, el espacio Lumen, en la calle Claudio Coello, así como la iglesia de las Madres Dominicas y la de los Jesuitas, cuya austera fachada esconde uno de los templos más grandes de Madrid.

La visita al edificio Beatriz me resultó especialmente llamativa, en primer lugar porque era un lugar que frecuentaba a menudo cuando vivía en el barrio y desconocía el origen del nombre, que se le debe nada menos que a Beatriz Galindo, pues en ese solar se levantaba el convento de la Concepción Jerónima, una de las fundaciones de la Latina, cuya reja se conserva en el sótano.

Como edificio singular se terminó en la Iglesia del Rosario, un mamotreto de estilo Bestial, debo reconocer que desconocía este estilo arquitectónico, pero entiendo su significado a la vista de la masa de hormigón que constituye la fachada y que vino a sustituir a una iglesia de estilo neogótico anterior, muy bonita, por cierto.

Es verdad que el interior ha ganado, esas iglesias eran oscuras y tenían poca visibilidad, la actual resulta luminosa y tiene mucha visibilidad debido a su distribución interior, en forma de anfiteatro y en pendiente, que permite ver el altar y oír desde cualquier lugar del templo, pero por fuera, no hay color.

Un espacio especialmente bonito, uno de mis favoritos es el Museo de Escultura al aire libre de la calle Juan Bravo, ubicado al final de la misma calle, bajo el puente que cruza el Paseo de la Castellana y que da acceso al Paseo de Eduardo Dato y al barrio de Chamberí.

En el museo de Juan Bravo se encuentran dos de los cuatro Chillidas que hay en Madrid, el más conocido es la Sirena Varada, cuya colocación hizo correr ríos de tinta en su momento, con argumentos como que se caería el puente, pues no podría soportar tanto peso.

Todo sigue en su sitio y el puente no se ha caído, la gran diferencia que he notado es que se ha transformado en una gran terraza, no sé si será por la pandemia y las distancias, recuerdo que había bancos para sentarse y una cafetería que en verano ponía mesas, pero lo de ese día era una aglomeración desmesurada. No está mal que la vida urbana se integre con el arte, más aún en espacios como ése, igual que paseamos entre las estatuas de un parque o de la calle, pero me habría gustado que se respetara la obra de arte como tal, es decir, que no estuvieran rodeadas de mesas, sillas y griterío. Era difícil apreciar el conjunto escultórico.

En resumen tres horas largas de caminata que se pasaron volando y en las que aprendimos muchas cosas, merced a los buenos oficios de nuestro arquitecto guía, Héctor y en el que gozamos de la siempre eficaz compañía de Paula, que nos permitió ver la reja del antiguo convento de la Concepción Jerónima, ¡lo que no consiga esta chica! Y de Víctor, que ha hecho unas fotos preciosas, alguna de las cuales acompaña este comentario resumen.

Y ya solo me queda agradecer la compañía de todos los participantes y esperar la próxima ruta en la que poder seguir disfrutando de las maravillas conocidas o no, de nuestra querida ciudad de Madrid.”

 

María Dolores Rebollo

Participante en la ruta ‘Arquitectura del Siglo XX en el Barrio de Salamanca’

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